Pese a precedentes más antiguos, la hipótesis que Alfred Wegener publicó en 1915 es el origen de la moderna tectónica de placas
Cuando Alfred Wegener murió –en 1930, durante la última de
sus expediciones a Groenlandia—, la gran idea de su vida había sido descartada,
olvidada y vilipendiada. La idea era la deriva continental, y habrían de pasar
aún 30 años para que se sacara del cajón, se demostrara correcta y se
convirtiera en el fundamento de la gran revolución de la geología, la moderna
tectónica de placas, un salto conceptual comparable al átomo de Bohr en la
física, o al código genético en la biología. Así son las revoluciones de la
ciencia, que no solo devoran a sus hijos, sino también a sus padres.














